Mongolia Bike Challenge, la aventura perfecta

Como cada mañana me preparo mi café para iniciar un nuevo día, aunque este es diferente, ya que será más largo de lo habitual. Por delante nos esperan 29 horas de viaje hasta llegar a Ulaan Bator, capital de Mongolia, donde tomaremos parte en la Mongolia Bike Challenge. Y hablo en plural porque esta vez no viajo solo, me acompaña mi inseparable amigo Santiago y también Pedro, el ganador del concurso que BH puso en marcha a través de rrss y cuyo premio consistía en acompañarme a esta carrera cediéndole una Bh Lynx, la doble suspensión de la marca que gracias a sus prestaciones le vendría como anillo al dedo para disputar las largas jornadas maratonianas de las que consta la prueba.


Por mi parte, regreso a Mongolia 5 años después con la incertidumbre de cómo responderá mi rodilla, ya que hace dos meses sufrí una fractura de tibia y aunque apenas sin entrenar, no me preocupa el rendimiento pero si el saber si podré terminarla o no.
Tras un largo viaje sin contratiempos (viajar con las maletas de las bicis requiere una tensión y nervios añadidos ya que nos preocupa saber cómo llegaran nuestras compañeras de viaje) las bicis llegaron perfectas, no así como las de otros compañeros de aventura que volaron con nosotros desde Moscú y que tuvieron que esperar un día más para recibirlas.
Amanece en Ulán Bator y aprovechamos la mañana para montar nuestras BH Ultimate y Lynx, comer algo y salir a rodar para estirar y soltar las piernas. Un par de horitas para romper a sudar y activar el cuerpo.
Repetimos la operación al día siguiente, y por la tarde tenemos la recogida de dorsales y el brieffing de carrera. Caras internacionales conocidas como… y un total de 22 nacionalidades forman los 58 participantes de esta novena edición de Mongolia Bike Challenge.
Por la noche hacemos la última cena fuerte, preparamos todo el material, comida, etc y nos vamos a la cama, ya que mañana a las 06:00 h tenemos que despertarnos, y teniendo en cuenta la diferencia horaria (+6 horas), estaremos despertando al cuerpo su hora habitual de irse a dormir.
Amanece lloviendo, no es buen presagio ya que a nadie le gusta mojarse, pero nos queda el consuelo que no hace frío.
Hoy la salida es neutralizada los primeros 15 kms hasta que salgamos de la capital.
Parece que el tiempo nos da una tregua y mientras que esperamos a que todo el mundo se reagrupe antes de dar la salida oficial, deja de llover quedando únicamente el cielo completamente nublado.
“Five minutes to the start” se convirtió en la frase mas pronunciada por todos nosotros, en tono de broma y en acento italiano, ya que el gran Roberto… era siempre el encargado de dar la salida.
3, 2, 1, go! Arranca la prueba, y como cada día, de salida se forma un nutrido grupo de uno 15 bikers que, aprovechando la inercia y la velocidad de las verdes llanuras mongolas, ruedan juntos hasta que los primeros repechos empiezan a marcar diferencias.


A pesar de la lluvia, el suelo drena muy bien y apenas hay barro ni charcos por las rápidas pistas que transitamos.
El tipo de terreno, en su mayoría pistas, como la ortografía del mismo; inmensas llanuras que forman interminables praderas donde pastan infinidad de cabezas de ganado, son escoltadas por pequeñas cordilleras montañosas que tendremos que franquear para pasar de unos valles a otros. En algunos de ellas, tendremos que atravesar majestuosos bosques de pinos que han visto como a lo largo de sus años de historia, al igual que los conquistamos con nuestras bicicletas, en su día lo hacían las tripas de Gengis Khaan con sus tropas cuando forjaron uno de los mayores imperios que se recuerdan, allá por el siglo XII.


Y conforme van pasando los kms, vamos dejando a ambos lados de nuestra marcha, centenares de manadas de caballos, vacas. Todos ellos pastan en la más absoluta libertad (tratando de engordar lo máximo posible pues son conocedores del frío y duro invierno que les espera, y que muchos de ellos no llegarán a sobrevivir) sin nada ni nadie que moleste su imperturbable tranquilidad. Los sementales de las yeguas vigilan y marcan recelosos su territorio, impidiendo que se acerquen otros a sus dominios, de la misma manera que nosotros marcamos a nuestros rivales en el pelotón, intentando evitar sustos y no perder nuestra posición en el rápido pelotón que avanza sobre “caballos de carbono” dejando las mismas huellas que dejaron hace siglos las herraduras de los caballos del emperador cuando partían a conquistar nuevos territorios.


Al rodar tan rápido en la grupeta de cabeza, es importante intentar mantener la posición para ir a rueda y conseguir la menor exposición al fuerte aire que suele soplar, y de esta manera rodar lo más parecido a un pelotón de carretera.
Después está la picardía y/o pillería que tienen algunos para escaquearse de dar relevos, o hacerlo con menos intensidad. Al fin y a al cabo esto es una competición y cada uno juega sus bazas cómo cree conveniente.
En cada etapa hay dos sprints intermedios con bonificaciones de tiempo para los tres primeros, lo cual le da un aliciente especial a cada etapa. Estos siempre coinciden al coronar algún puerto o repecho, y dada la igualdad de la carrera, podrían decidir la clasificación, con lo cual eran todos muy disputados.
Finalizamos la primera etapa, muy disputada y decidía al sprint entre el americano Ryan y el lituano y ganador del año pasado; Elius, siendo este último que se llevaría la primera victoria pero el maillot rosa (Santini, uno de los patrocinadores de la carrera hizo un claro guiño a su Giro de Italia) sería para el americano, ya ganó las bonificaciones de los dos GPM.


Una vez llegados a meta, comienza el ritual de este tipo de carreras por etapas.
Lo primero es localizar tu maleta que dejamos previamente en la salida, para que nos la transpiraran en los vehículos de asistencia; en esta caso, y como peculiaridad de esta carrera, todos los vehículos oficiales son las míticas e irrompibles furgonetas soviéticas Vaz, que le dan un peculiar toque retro y vintage a la prueba. Cuenta la leyenda que estos vehículos son capaces de funcionar con agua en lugar de gasoil ya que las gasolineras brillan por su asistencia en las inmensas llanuras de Mongolia, leyendas como otras tantas…
Una vez localizada la maleta, tenemos que localizar la Yurta en la que dormiremos. Estas son unas tiendas parecidas a una mezcla entre iglú (por su forma circular y diseñadas para combatir el duro y frío invierno) y cabañas, por su techo con salida para la estufa central de leña que dará calor a las familias que en ellas habitan.
En este caso, y siendo verano, no será necesario encender las estufas para pasar las noches, pero en invierno, en estas regiones llegan a los -20º C y sin ellas, la vida sería incompatible aquí.
Una vez localizados nuestros enseres y cabaña, toca ducharnos y lavar la ropa (hay gente que traen una equipación para cada día y otros que traemos una par de ellas o tres y que iremos lavando a diario, para ahorrar espacio y peso en nuestras voluminosas maletas.


El agua caliente es un buen codiciado que no siempre te reconforta y premia al final de cada etapa, por eso cuando te la encuentras en pruebas como esta, la valoras y de qué manera.
Un truco para estas carreras es traerse una cuerda y pinzas donde poder secar “la colada” diaria, ya que en ocasiones es complicado encontrar lugares donde hacer esto.
Una vez limpios y aseados, toca reponer fuerzas. La comida siempre es rica en hidratos de carbono y proteínas, ideales para rellenar nuestros depósitos y poder afrontar las venideras etapas.
La comida en estos países tan exóticos y diferentes a los nuestros, por mucho que los organizadores insistan a los cocineros, es inevitable que tengan un sabor a sus especies y condimentos, lo cual te hace sumergirte indirectamente en su cultura y gastronomía.

Post-etapa en Mongolia Bike Challengue

Después de comer toca visitar a nuestros amigos de +Quebici para; primero recibir nuestra recompensa, un reconfortante masaje de descarga en el que nos tratan todos los músculos que más sufren durante las largas etapas, desde el vello hasta los pies. En mi caso, ponen especial hincapié en la rodilla, tratándola con mimo y vendandola con T-tape, el cual realizó un trabajo de contención fantástico durante los 6 días. Y segundo, dejarle nuestra bici al mecanico para que también le de su merecida recompensa, un buen lavado, engrase y revisión completa para asegurarnos su fiabilidad en la jornada siguiente.
Tras poner los músculos en su sitio, viene lo mejor de estas carreras, las convivencias en los campamentos, que a diferencia de otras pruebas que se duerme en hoteles, aquí el espíritu aventurero te permite conocer mejor al resto de ciclistas venidos de todo el mundo, así como adentrarte en la exótica cultura mongol, delirarte tranquilamente con las espectaculares vistas que rodean al campamento, o deleitarte con las puestas de sol que darán paso a la majestuosidad de la noche, acompañada de la inexistente contaminación lumínica que te permite contemplar el esplendor del firmamento.
La noche, a pesar de estar en verano, es fría y tenemos que abrigarnos bien para dormir, no sin antes preparar de nuevo todos los “trastes” necesarios para mañana.

Amanece un nuevo día y nos ponemos en marcha con los rayos del sol que se van abriendo paso entre en espesa niebla que abraza el valle en el que nos encontramos. No muy lejos de nuestras tiendas, vemos como con los primeros rayos del sol, muchos pastores sueltan una manada de caballos que habían recogido el día antes. Y tras ellos, aparecen unos niños montados a caballo y llevando uno o dos de reata; ellos al igual que nosotros, van a salir a hacer unos kms para entrenar, el Derni Mongol, la carrera de caballo si más importante del país se acerca y hay que afinar a monturas.
Nos dan la salida y rápidamente enfilamos hacia la majestuosa estatua de Gengis Khan. Es impresionante pasar a su lado y poder contemplar su grandeza tan cerca, y es que sus X metros de altura y el brillo de su material X la hacen visible a varios kms.
Superados los primeros repechos de nuevo rodeados de praderas, nos adentramos en una interminable llanura donde la definición de inmensidad queda delimitada hasta el alcance de nuestros ojos. Durante decenas de kms navegamos en solitario con la única compañía de nuestros rivales amigos, sin un alma que se percate de nuestra presencia. No vemos árboles, ni si quiera animales esta vez, solo hierba verde rebosando vida con la compañía de alguna tímida sombra en el suelo, provocada por alguna osada nube que se atreve a hacer acto de presencia en el interminable cielo azul.
Tras dos horas pedaleando por fin divisamos resquicios de civilización; una carretera que tenemos que cruzar para, de nuevo, regresar al campamento en el que dormimos anoche.
Al llegar a meta repetimos ritual, pero hoy ya nos cuesta más hacer todo, los kms y el ritmo de competición no perdonan.
Al atardecer observamos cómo de nuevo, todos el ganado regresa a sus cercas/cuadras para, al igual que nosotros, poder descansar.


Amanece el tercer día y de nuevo un sol radiante nos recibe. Estamos teniendo mucha suerte con la climatología y con muchas ganas afrontamos la etapa reina, 125 kms y 2.700 m D+
Hoy cruzaremos varios bosques que romperán con la monotonía de las llanuras, en los que conforme nos adentremos, el sol se perderá entre las gigantescas ramas de sus frondosos árboles, y sus pobladas copas, y en los que en ocasiones parecerá que anochece ante la falta de luz.
Y para ello, tendremos que empezar a utilizar desarrollos que hasta ahora no habían sido necesarios, puesto que las llanuras han dado paso a las fuertes pendientes y los interminables puertos que harán exprimirnos al máximo. Así como las rápidas bajadas en las que frenos y suspensiones tendrán que trabajar al máximo rendimiento para evitar sustos.
Y es que es aquí, en estas bajadas, cuando empezamos a divisar las primeras piedras, casi inexistentes hasta ahora.
Una vez coronados los dos primeros puertos del día, avanzamos paralelos a un río para, llegados al avituallamiento, cruzar el cauce por un puente de madera para continuar la marcha en el mismo sentido, pero por la otra orilla. Varios kms de divertidos bumpimg con numerosos charcos estiran el grupo que persigue a los dos escapados que arrancaron desde salida en solitario.
En varias ocasiones tenemos que echar nuestras bicis al hombro para vadear varios ríos, los cuales nos llegan por encima de la cintura, con una fortísima corriente que en ocasiones nos hace casi perder el equilibrio y, que su fría y transparente agua nos deja las piernas perezosas para volver a ponerlas en marcha.
Al llegar a meta, lo hacemos a un campamento mágico, ya que el mismo río que nos había estado torturando con sus gélidas aguas, ahora nos regala una estampa digna de postal, con las tiendas de campañas acampadas sobre su orilla, un bosque en el otro margen del río y una montaña que pronto nos dará sombra cuando el sol empiece a ponerse.


Hoy no disponemos de cabañas ni yurkas, de agua caliente ni wifi, hoy estamos en medio de la naturaleza y nos sumergiremos en ella como lo hacen los nómadas que transitan cada año por aquí.
Al campamento se acercan un par de niños curiosos, que viven cerca, montados sobre sus caballos. Sus rasgos asiáticos y su tímida sonrisa delatan el caracter amable de este pueblo Mongol; siempre dispuesto a ofrecer lo que no tienen, y a despedirse con un amable gesto. Más tarde, ya anocheciendo, también se acercó a la orilla una familia formada por el padre, la madre y una niña pequeña. Venían con un viejo carro tirado por un Yak (una especie de vaca más pequeña, con más cuernos y pelos largos para protegerse del frío invierno) en el que llevaban un depósito de unos 300 litros de agua, seguramente para llevarlo a su yurta para su consumo.
Pequeños regalos que te hace esta carrera, al estar tan inmerso en su país.
Pero no todo es de color de rosa, porque esta noche dormimos en sacos de dormir, sobre esterillas y con una fuerte humedad que hará estragos en más de uno.
Eso sí, paradójicamente es el día que mejor comimos, cenamos y desayunamos, gracias al catering del restaurante Rosewood, que nos deleitó con su mejor repertorio de comida.
Ya hemos sobrepasado el ecuador de la carrera y el cuarto día amanece nublado y amenazando lluvia. Pero esta no aparece hasta la noche siguiente, ya refugiados en un campamento de yurtas tradicionales y donde el ruido de la continua lluvia que cayó durante toda la noche, nos hizo más ameno el descanso. Hasta el llegamos tras completar la cuarta etapa, la más larga de todas, 130 kms en los que apenas nos harían compañía algunas piaras de ovejas custodiados por sus feroces perros pastores, los cuales al vernos que nos acercábamos, nos desafiaban amenazantes y corrían ladrando detrás de nosotros hasta que nos alejábamos. De la misma manera que nos cruzaban manadas de caballos galopando en la más absoluta libertad, recordándome a algunas escenas de Jurassic Park en las que ellos hacían de dinosaurios y nosotros de turistas.
De la etapa más larga pasamos a la más corta, y es que el quinto día afrontábamos la contrarelloj individual.
Afortunadamente los suelos habían drenando perfectamente y no ha ia demasiados charcos, solo los inevitables y el barro justo para hacer algunas zonas más divertidas y otras más exigentes, como el imponente repecho de 100 metros casi al 30% donde solo unos cuantos privilegiados col siguieron conquistar sin poner el pie a tierra y empujar sus bicis, como aquel Yak lo hacía de su carro con agua. Mismos esfuerzos pero diferentes necesidades, este es el mundo de contrastes en el que vivimos.
Al finalizar tan pronto los 37 kms, pudimos disfrutar más del campamento y sus vivencias, como era ver a los conductores de las furgonetas rusas, reparar cualquier tipo de avería que tuvieran, ellos mismos, con sus propias manos y herramientas. Daba igual el percance ocurrido, desde alternadores a rodamientos, todo tiene solución. Y es que el carecer de tanta electrónica, facilita mucho las reparaciones, que ellos realizan con conocimientos mecánicos heredados de padres a hijos, al igual que heredan sus costumbres y tradiciones.
Y por fin afrontamos la sexta y última etapa, el maillot de finisher Khann está cada vez más cerca, pero para ello, antes tendremos que surcar de nuevo las interminables llanuras a un trepidante ritmo para no perder el grupo de cabeza, soportar los constantes ataques de nuestros rivales, para llegar victorioso y poder conquistar una ansiada etapa que se me ha resistido durante tanto tiempo.
La meta está situada en un fuerte guerrero, y para pasar el arco de finish line somos escoltados por dos soldados mongoles, a lomos de sus caballos mongoles, descendientes ambos de tribus guerreras. Ellos se asegurarán que crucemos esa línea de meta, nos ayudarán a conquistar esta impresionante Mongolia Bike Challenge que sin duda alguna, será difícil de olvidar por todos y cada uno de quienes la hemos disfrutado.
Siempre hemos gozado de un excelente ambiente de deportividad y camaradería, propia de el en y ovejas, custodiados por sus pastores nómadas.

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